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¿Qué puedo darte, Amazon, para que me quieras más?

09 julio, 2019
Por R. Queimaliños

América tembló el día que Amazon anunció que buscaba ubicación para su nuevo cuartel general. Más de 238 ciudades de todo el continente -Canadá incluida- se ofrecieron a albergar la sede del gigante electrónico. Las condiciones eran relativamente asequibles: urbes de más de un millón de habitantes y una red decente de transportes urbanos en comunidades con buenas posibilidades inmobiliarias.

Pero la parte más importante, pese al silencio administrativo, eran las ventajas fiscales que las urbes pudiesen ofrecer a la compañía de Jeff Bezos: ‘Es solo un requisito más’. Sin embargo, cuando la multinacional más poderosa del mundo escogió Long Island en Queens, sabía que la isla le ahorraría 1.200 millones de euros en impuestos en cinco años y que sus 50.000 trabajadores se acogerían a un régimen fiscal extremadamente benévolo.

Naturalmente, los dioses de la especulación tampoco han perdido la oportunidad de meter la zarpa en un negocio que promete jugosas recompensas: aprovecharon filtraciones de informes confidenciales elaborados por y para la compañía sobre diversas ciudades estadounidenses para subir o bajar los precios a voluntad. Se calcula que, si alguien intentase comprar o alquilar una propiedad en Queens, debería pagar un 600% más y, sin embargo, las consultas con las inmobiliarias de la zona han subido un 1400%. La partida acaba de empezar y la banca ya ha ganado.

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